"Excelente maestro es aquel que , enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender".
Arturo Graf
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Hace mucho tiempo que debía haber aparecido por aquí, tenía que haber escrito tantos post como ocurrencias ha tenido mi padre a lo largo de todos los cafés (que según él son pocos)… Tengo post que aún le debo:
-el de María Jiménez (la artista) ,
-el de que todas las menuditas tienen mu mala leche,
-la de los lechones y el destete de los cerdos de Abel,
-el de su cumpleaños,
-el “selfie” de mi madre…
En fin, no corren buenos tiempos para mi lírica, pero prometo (por mis hijos sobre todo) que de todos haré un post como él y mi madre se merecen.
El viernes fue un día muy especial, tan
especial, que el café del sábado sólo tuvo un tema: Los maestros,
los buenos maestros.
D. Benito Navarrete Jándula fue el primer
maestro de mi padre (yo recuerdo la mía: Madre Ana María y la tengo presente
todos los días…hasta en mi cocina, pero ese será otro post especial)
El viernes fue la fiesta de fin de curso de
mi hijo el pequeño, Rafael, no fue una fiesta fin de curso cualquiera porque es
su último año en el cole y ya pasa al instituto, sin traumas, claro, en el cole
eso de los cambios lo llevan superbien.
Todo se desarrollaba de manera normal, un
curso tras otro con su baile y sus aplausos…hasta que llegó 6ºB, la penúltima
actuación de la noche, la clase de mi hijo.
Le conté a mi padre lo emocionante que fue
ver como acaban de bailar y los niños de la clase, de motu propio, quisieron
regalarle cada uno una rosa a la profesora, Pepa, Pepa Vicaría, y junto con la
rosa una frase cariñosa que cada uno de ellos iba diciendo públicamente
micrófono en mano.
Le dije a mi padre lo que esta señora ha
hecho por los niños desde que los cogió en 5º, la dedicación y la paciencia que
ha tenido con todos, la sonrisa de oreja a oreja que ha tenido
siempre y sobre todo…lo que más me llamó la atención el primer día que la
conocí: el trabajo tan esmerado y con el cariño que guardaba todos los trabajos de
sus alumnos de años anteriores. Desde ese día supe la suerte que mi Rafael
había tenido.
No me puedo quejar de ninguna, de todas , absolutamente de todas tengo un bellisimo recuerdo: de Mariola su pasión y su entrega , toda su energía puesta para que sus niños avanzaran en los conocimientos y fuesen los mejor preparados del cole. Marisa, profesora ejemplar, educada, servicial, y con una pasión por mi hijo que se le notaba a leguas (y yo orgullosa, claro!) Tere, con la que él no tuvo mucho feeling, pero que lo ayudó más de lo que él nunca imaginará, cosa que yo le agradezco doblemente, la primera por Antonio, que yo cada vez que la veo, le digo que me lo salvó del fracaso escolar (ayudado después por Pedro -grandísimo maestro también-) y Pepa, que vino a poner la guinda en el pastel con su trato personal y sus técnicas de aprendizaje que a mi me maravillan tanto (desde el primer día me cautivó).
No me puedo quejar de ninguna, de todas , absolutamente de todas tengo un bellisimo recuerdo: de Mariola su pasión y su entrega , toda su energía puesta para que sus niños avanzaran en los conocimientos y fuesen los mejor preparados del cole. Marisa, profesora ejemplar, educada, servicial, y con una pasión por mi hijo que se le notaba a leguas (y yo orgullosa, claro!) Tere, con la que él no tuvo mucho feeling, pero que lo ayudó más de lo que él nunca imaginará, cosa que yo le agradezco doblemente, la primera por Antonio, que yo cada vez que la veo, le digo que me lo salvó del fracaso escolar (ayudado después por Pedro -grandísimo maestro también-) y Pepa, que vino a poner la guinda en el pastel con su trato personal y sus técnicas de aprendizaje que a mi me maravillan tanto (desde el primer día me cautivó).
Mi padre me dejó hablar y hablar porque mi conversación era tan
apasionada que casi no le dejaba más que asentar con la cabeza, hasta que
encontró su hueco…
D. Benito Navarrete Jándula se llamaba el
mío, me dijo, me acuerdo de sus dos apellidos porque para mi fue casi como un
padre, no me pegó nunca ( y diciendo esto me pareció ver que casi se le saltan las lágrimas)…(
mientras tanto me venían a la mente nombres como D. Francisco el cojo, que
se quitaba el anillo para dar collejas y ahora sus antiguos alumnos lo recuerdan
con risas y con cariño…antes lo normal era pegar…madre mia!! como cambia
el cuento…)
D. Benito era un buen hombre, continuó contándome, era militar,
pero lo retiraron y lo pusieron a dar clases a los niños pequeños, yo estuve
con él hasta los 7 años,… hasta que me pusieron a trabajar…(y un halo de
nostalgia le iluminó la cara)
En Jaén, en Jódar, en mi pueblo, en la época de la postguerra se pasaba mucha
hambre, yo nunca he querido volver porque no tengo ni un solo recuerdo bueno,
mi único recuerdo bueno es D. Benito Navarrete Jándula, que gran maestro!!!.
Un día, algunos niños de la clase le gastaron una broma y le pusieron chinchetas debajo del cojín de su asiento, él se sentó plácidamente y se levantó del asiento de un salto y con un gritó increpó a la clase: ¿Quién ha sido? Nadie contestó. Volvió a repetir: Que se levante quien haya sido, y nadie se levantó. Se dirigió a mi y me preguntó: Rafael, dime quien ha sido, yo tenía 6 o 7 años y empecé a llorar diciéndole que yo no quería ser chivato porque temía a las represalias. Él lo entendió y me dijo: No llores, haces bien en no decirmelo, siéntate. Y nunca me lo tuvo en cuenta, al contrario, me hablaba y me decía que un hombre en la vida tenía que ser fuerte, y no ser temeroso y recuerdo como además de enseñarme a leer y a escribir, me daba consejos y me decía que lo mejor que podía tener un hombre era cultura, aunque esa cultura te la diera la vida. Me decía que tenía que ser el mejor en lo que decidiera hacer, y que si tenía que tender tejas, (que es por lo que dejó el colegio) que fuese el que mejor tendiese tejas de todos los niños y hombres que estuviesen en el tejar. El trabajo era duro y él venía a verme cada vez que tenía alguna ocasión y me decía que nunca era tarde para aprender, y que cuando llegasen tiempos mejores me buscase a algún maestro o a alguien con experiencia que pudiera enseñarme a tener buena caligrafía, que eso era muy importante, que la caligrafía era la tarjeta de presentación de un hombre, y también me aconsejó que debía estar aprendiendo siempre, que nunca dejara de aprender, porque eso sería lo que me llevaría a tener éxito y que disfrutara con lo que hicera, que amase todo lo que hiciera, y que hiciese siempre las cosas con amor y con agrado…. Y eso hizo conmigo D. Benito, me enseñó a andar por la vida, a ver el lado bueno de las cosas… sin él yo no sería hoy como soy.
Un día, algunos niños de la clase le gastaron una broma y le pusieron chinchetas debajo del cojín de su asiento, él se sentó plácidamente y se levantó del asiento de un salto y con un gritó increpó a la clase: ¿Quién ha sido? Nadie contestó. Volvió a repetir: Que se levante quien haya sido, y nadie se levantó. Se dirigió a mi y me preguntó: Rafael, dime quien ha sido, yo tenía 6 o 7 años y empecé a llorar diciéndole que yo no quería ser chivato porque temía a las represalias. Él lo entendió y me dijo: No llores, haces bien en no decirmelo, siéntate. Y nunca me lo tuvo en cuenta, al contrario, me hablaba y me decía que un hombre en la vida tenía que ser fuerte, y no ser temeroso y recuerdo como además de enseñarme a leer y a escribir, me daba consejos y me decía que lo mejor que podía tener un hombre era cultura, aunque esa cultura te la diera la vida. Me decía que tenía que ser el mejor en lo que decidiera hacer, y que si tenía que tender tejas, (que es por lo que dejó el colegio) que fuese el que mejor tendiese tejas de todos los niños y hombres que estuviesen en el tejar. El trabajo era duro y él venía a verme cada vez que tenía alguna ocasión y me decía que nunca era tarde para aprender, y que cuando llegasen tiempos mejores me buscase a algún maestro o a alguien con experiencia que pudiera enseñarme a tener buena caligrafía, que eso era muy importante, que la caligrafía era la tarjeta de presentación de un hombre, y también me aconsejó que debía estar aprendiendo siempre, que nunca dejara de aprender, porque eso sería lo que me llevaría a tener éxito y que disfrutara con lo que hicera, que amase todo lo que hiciera, y que hiciese siempre las cosas con amor y con agrado…. Y eso hizo conmigo D. Benito, me enseñó a andar por la vida, a ver el lado bueno de las cosas… sin él yo no sería hoy como soy.
Son importantes los maestros, sí, mucho más
importantes de lo que creemos, en sus manos están los futuros presidentes de
los países, los políticos que nos dirigen, los médicos que nos curan, los
abogados que nos defienden… todos los que están a nuestro alrededor ha tenido
un buen o mal maestro que ha marcado el desarrollo de su vida. Son importantes
los maestros: MUCHO, por eso hay que agradecerles la vocación que tienen para
inculcar valores y potenciar las virtudes de nuestros hijos.
D. Benito Navarrete Jándula, no sólo enseñó a
mi padre a leer y a escribir, le enseño
a amar lo que hace, le enseñó a que todo es un continuo fluir, le enseñó a que
todo lo que se hace con pasión tiene su recompensa.
“Un buen maestro es aquél que te enseña a
amar lo que haces” concluyó … y de nuevo me enseñó una nueva “verdad de café”
Soy de dar las gracias, es verdad, pero sólo
las doy si me salen del corazón. Y esto me sale de dentro: GRACIAS PEPA, ojalá
se crucen en el camino de mis hijos maestros y maestras como tú: VERDADEROS
MAESTROS DE LA VIDA QUE TE
LLEGAN AL CORAZÓN Y TE HACEN AMAR LO QUE HACES.
Mi hijo será lo que es gracias a ti y a todos
los granitos que sus maestras han ido dejando en su corazón (como decía en su
frase : “serás parte de mi corazón y de mi vida”).
Gracias a todos por extensión, Mariola,
Marisa, Tere, Pedro, y a Nandi y a Maria José por inculcar esos valores que tan
bien les han venido para crecer como personas.
No voy a echar de menos al PUA… porque no me
iré, seguiré ahí para lo que los
maestros y maestras quieran de mi.
GRACIAS A TODOS LOS QUE DE ALGUNA FORMA
HABEIS FORMADO PARTE DE LA VIDA Y DEL
CORAZÓN DE MIS HIJOS.